Cónclave en la Sombra

El templo estaba lleno, no había faltado un solo hermano a aquella reunión. Avinet no llevaba mucho tiempo en la logia y aquel era su primer cónclave oficial.
El hermano mayor Magnus tomó la palabra y habló a los presentes con voz clara y pausada.

—Procedo a poner al día el motivo de este cónclave. Recientemente las revueltas se están extendiendo
por todo el planeta. Como sabéis hemos conducido esas revueltas en la dirección de nuestros intereses gracias a las falsas banderas. Sin embargo no podemos mantener más esta situación, debemos pasar al siguiente nivel y para eso nos hemos reunido hoy aquí. Cedo la palabra al hermano Ptolomeo.

El hermano Magnus abandonó el altar con mucha ceremonia y tomó asiento a un lado, en una ornamentada butaca llena de símbolos. Su lugar en el púlpito fue ocupado por el hermano Ptolomeo que no gastó un segundo en presentaciones.
—Los esclavos se están rebelando. —Dejó un silencio para que aquellas palabras calaran en el público y después continuó su discurso—. Necesitamos un cambio de estrategia y por eso propongo ante la logia iniciar la nueva fase. En esta fase enfrentaremos a los esclavos contra una amenaza real, un peligro real pero invisible. El objetivo es que todos se sientan una amenaza para todos, de forma que no puedan organizarse y se teman unos a otros.

—¿Y cómo obraremos semejante milagro? —preguntó Avinet en voz alta. No era habitual que durante una exposición se hicieran preguntas, pero estaba recogido dentro del protocolo y el orador tenía la obligación de responder, sólo una vez.
—Gracias por su pregunta, hermano Avinet, sin duda es evidente vuestra falta de experiencia. Le encomiendo a dejar los milagros para las supersticiones. Haremos el trabajo como hacemos siempre, utilizando el conocimiento de la naturaleza que nos otorgan nuestros archivos privados.

El hermano Ptolomeo no dio muchas más explicaciones del plan. Aquel cónclave no era más que un mero trámite para avisar a los hermanos de un cambio en el sistema. Las instrucciones se irían dando de forma personal en sucesivas reuniones, tal y como Avinet había comprobado que siempre hacían. Cuanto más dentro estaba de la logia más reprobaba ciertas decisiones, aunque no había mecanismo para presentar objeciones pues a los cónclaves se acudía a escuchar y acatar instrucciones. De esa forma la logia se convertía en un perfecto brazo ejecutor de los arquitectos sociales que tomaban decisiones por encima de cualquier organización.

El hermano mayor Magnus disolvió la reunión y después se le acercó como si le estuviera leyendo la mente. Él era quien había introducido a Avinet en la logia y desde el principio le había tratado como un hijo.
—Una pregunta muy acertada, joven. Pronto verás que los asuntos superiores no deben preocupar a los de abajo. Limítate a observar y aprender y con paciencia irás ascendiendo.
—Sí, maestro. He hecho la pregunta para aprender. No entiendo esta estrategia, los esclavos nos son tan ignorantes como pensamos.

El sacedote supremo de la logia le hizo una invitación a pasear hacia la puerta de salida por donde los hermanos iban abandonando el templo en charlas de grupos pequeños.
—Dime, Avinet, ¿qué es lo que hace la vida, cuál es su función?
—Diría que evolucionar, medrar.
—Eso es lo que las mentes vulgares suelen pensar, los ilusos que creen en el libre albedrío. No Avinet, evolucionar implica que haya un propósito, pero la mayor parte de formas de vida carecen de objetivo, simplemente se adaptan a su entorno. Sólo tienen que sentir una amenaza y harán cualquier cosa para protegerse, su único propósito será la supervivencia y así aceptarán cualquier norma que impongamos, por muy duras que sean, se terminarán adaptando. Porque eso es lo que hace la vida.
—Cierto, todas las formas de vida tienden a adaptarse a su entorno, pero te olvidas de algo que también tiende a hacer la vida. Se rebela.
—Mi querido Avinet —respondió el sacerdote sonriendo mientras apoyaba el brazo en su hombro para acompañarle a la salida del templo—, para eso estamos nosotros aquí, ¿verdad? Para conducir esas rebeliones en la dirección correcta.
Los dos salieron del templo y la puerta quedó sellada en espera del siguiente cónclave.

Fragmento/borrador de la novela
“La Armonía se Resquebraja”

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