CAMINO.

Mil errores cometí
mil aciertos.
Cada equivocación
un peldaño,
soplo de aire
cada éxito.

Y sonó en mi interior
¡Sigue, sigue!

Sobre barro caminé
hundiéndome
en lodazales.
La subida
palpé a oscuras
y el rocío de madrugada
camufló las lágrimas.

El silencio, con voces lejanas
me hablaba.
Resonando en mi cabeza
un mantra
¡Sigue, sigue!

El clavo ardiendo
terminó quemando
mi mano.
Y me agarré a la vida
con la fuerza
de las entrañas heridas.

La cuesta es empinada
y el camino
a veces yermo.
Pero miré abajo
y comprendí,
que el trecho estaba
casi andado.

Un escalón más,
un brillo nuevo
en la cara.
¡Sigue, sigue!
Silbó el viento.

Y dejé atrás
el oxígeno viciado,
las tormentas
de ecos del pasado.
Salí de aquello
y subí tan alto como pude.

¡Seguí, seguí!
Por mi camino
marcado por mi aliento.

De la experiencia
salió una historia.
Del yunque martilleado
se forjó un yo,
con muescas y quemaduras
preparado para continuar.

Que se canta y se susurra
¡Sigue, sigue!

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