Aquella mañana, una vida cualquiera.

El día antes (Parte I)

EL DESPERTAR DEL PADRE:
El despertador sonó implacable como todas las mañanas, de un manotazo, cotidianamente calculado, lo apagó, con el otro brazo palpó el otro lado de la cama a sabiendas que estaba vacío, su mujer ya se había despertado, pensó que últimamente ella dormía demasiado poco y
demasiado mal…y de repente oyó su voz llamándole en un grito silencioso. Se incorporó y salió de la cama y del cuarto descalzo y vio la puerta de la habitación de su suegra abierta, ella estaba
enfrente de su cama paralizada…tragó saliva y se acercó por detrás a abrazarla, no le hacía
falta mirar para saber que ocurría. Ella se estremeció en sus brazos y se giró para ahogar el
llanto en su pecho, por un momento olvidó la escena y se perdió en el calor de su abrazo, en la
sensación de tenerla entre sus brazos pegada a él, deseó protegerla, estrecharla fuerte como
antes…la besó en la cabeza y la susurró que no se preocupara de nada que él se ocuparía de todo. Se separó de ella para ir a por el móvil y empezar con las llamadas.
Al salir se cruzó con su hija que estaba en el pasillo mirándole, le devolvió la mirada y lo entendió todo. “¿Cuándo se había hecho tan mayor?” pensó. Instintivamente miró a la puerta de su hijo pequeño, aún estaba cerrada, se alegró.
Su hija pasó a su lado, él le puse la mano en el hombro y siguió su camino la vio entrar y abrazar a su madre.
Cogió el móvil y mentalmente hizo una lista de las llamadas que había que hacer.
De pronto le vino a la cabeza la muerte de sus padres, la muerte de su suegro, la conversación del día anterior… su suegra siempre fue un enigma para él, no fue una mala suegra, pero siempre se mantuvo callada,recordó el día de su boda cuando se acercó a él y le susurró “ Bienvenido a la familia, sé que la harás feliz” Miró hacia su butaca vacía mientras marcaba el teléfono de la ambulancia.

EL DESPERTAR DE LA HIJA:
Oyó el despertador de sus padres, calculó el tiempo que faltaba hasta que su madre cruzara la puerta para despertarla y abrir la ventana…que manía tenía. “Bueno al menos ya es
Jueves” pensó. Se dio la vuelta acurrucándose otra vez, pero no consiguió volver a cerrar los ojos, la casa estaba extrañamente silenciosa…habían pasado ya diez minutos desde que sonara el despertador y nadie había ido a su cuarto. Salió de la cama, abrió la puerta de la habitación, solo salía luz de la habitación de la abuela, despacio se fue acercando cuando vio a su padre salir de allí con el gesto serio, la miró y lo supo, un nudo se formó en su estómago pasó a su lado apoyándose en su hombro y se fue hacia el salón. Pensó en su madre y se apresuró hacia el cuarto de su abuela. Su madre estaba parada enfrente de su cama, se puso a su lado y miró a su abuela tendida en la cama, era extraño, no respiraba pero parecía dormir…sintió a su madre abrazarla.
– Se ha ido cariño, la abuela ya no está.
Se sintió tan pequeña en ese momento, no sabía que decir ni que hacer…no lloraba, no se movía,
solo dejó que su madre la abrazara y se perdieran sus palabras en su cabeza…sin apartar los ojos
de ese cuerpo que era su abuela.
Intentó recordar en su cabeza las últimas palabras que la había dicho pero no se acordaba, desvió la mirada hacía su mesita y vio la foto del abuelo, su radio, la foto de las últimas navidades que habían pasado todos juntos, sus gafas…sintió a su padre entrar y abrazarlas, le vio besar a su madre y cogerle la mano, sintió como las lágrimas rodaban por su mejilla, vio la luz del día filtrarse por la ventana…en silencio se despidió de su abuela.

EL DESPERTAR DEL HIJO PEQUEÑO:
Sus ojos se abrieron solos, su mamá no estaba sentada en su cama acariciándole el pelo como de costumbre, se oían pasos, pero nadie hablaba. Sintió un poco de miedo y se tapó con la sábana. Pero ese silencio le llamaba.
Se dejó caer de la cama, y le dijo a su osito que no se preocupara que él iba a investigar. El suelo estaba frío, se puso las zapatillas, abrió la puerta despacito y se asomó, mirando a
un lado y a otro, todas las puertas estaban abiertas, estaban todos despiertos ¿por qué no habían a por él?
Fue por el pasillo, bordeando la pared, mirando por todas las habitaciones hasta llegar a
la habitación de su abuelita, allí estaban todos. Su padre hablaba por teléfono dando vueltas por el cuarto, su madre y hermana estaban juntas delante de la cama de la abuela, se escabulló entre ellas y cogió la mano de su mamá, sintió que tenía que hacerlo, ella le apretó fuerte, casi le hizo daño…se asomé desde atrás de ella y vio a su abuela dormida…pero estaba muy callada no hacía ese ruidito que otras veces la había escuchado hacer, miró a su madre que lloraba, miró a su hermana que se mordía el labio y se limpiaba las lágrimas con el dorso de la mano, ¿por qué
lloraban?. Volvió a mirar a su abuela, una luz extraña le daba en la cara, siguió con la mirada la luz,se giró más y vio como entraba la luz a través de la persiana medio abierta, vio las motitas de polvo suspendidas en el aire, era como magia, quizás por eso su abuela siempre miraba por la ventana para intentar descubrir el truco.
Sintió la mano de su mama apretarle otra vez, sentí como la mano de su hermana le cogía la otra mano y le apretaba también, notó a su papa ponerse detrás y acariciarle el pelo…sintió la mirada de su abuelita, aunque no la vio moverse.

EL DESPERTAR DE LA MADRE:
Abrió los ojos y miró el reloj, aún faltaban quince minutos para que sonara el despertador, salió
de la cama, estirándose, le dolía todo, llevaba un par de noches durmiendo mal, se dirigió a la
cocina, cogió una taza y se puse un café. Le gustaba ese momento del día, cuando aún todos
dormían y estaba todo en silencio, era su momento de paz, paladeó el café despacio mirando a su alrededor y pensando en todas las tareas del día, sus ojos se pararon en el cesto de plancha, Se levantó de golpe… una sensación la sobrecogió, dejó la taza y se dirigió a la habitación de su madre, abrió la puerta despacio, estaba tendida en su cama, inmóvil. Se acercó a la ventana y subió un poco la persiana para que entrara la luz, giró lentamente sobre sí y allí la vio, un
cuerpo inerte con su vestido nuevo arrugado, tenía los cascos puestos,unidos a la radio de la mesita, esos viejos cascos que hacía tanto la había regalado, sus manos en el pecho agarrando unas flores, el rostro completamente sereno… Volvió a reparar en su vestido, no pudo entender lo que le quiso decir.
Intentó acercarse y estirárselo pero no podía, deseó abrazarla, deseó que abriera los ojos y poder decirla que la quería, y que sentía no haberla escuchado, deseó, que el tiempo volviera atrás y volviera a ser niña sentada en la cocina de casa, viéndola preparar un bizcocho, podía sentir todos esos olores familiares, vio a su padre entrar por la puerta canturreando y cogiéndola en sus brazos dando pases de un baile, que solo escuchaban ellos, les oyó reír, se escuchó reír…Abrió la boca y con toda la calma que pudo llamó a su marido…los rayos de luz ya alcanzaba la cama de su madre, se veía preciosa…
– Papá ya la tienes otra vez contigo- dijo en un susurro.
Su marido entró por la puerta y le abrazó y ella dejó que le abrazara, fuerte, recostándose en su pecho, y oyó la música, su música y se dejó llevar por un instante, dejó que las lágrimas brotaran, y dejó que él la estrujara sintiendo su calor, su olor, su protección. Notó que la besaba
con cuidado en la cabeza, se sintió reconfortada,había olvidado cuanto le amaba…le oyó susurrarle que él se encargaba de todo, intentó sonreírle.
Salió y entró su hija… su pequeña, se puso a su lado como una mujercita, que sensación de orgullo la invadió, pero aún era una niña y la abrazó como le gustaría hacer siempre… quizás no debería haberla dejado entrar pero la necesitaba a su lado. Se escuchó a sí misma decir que la abuela ya no estaba…pero no era su voz, era como si otra persona lo dijera, porque ella seguía en aquella cocina oliendo a bizcocho y viendo a sus padres bailar.
Volvió a entrar su marido por la puerta, lo escuchó llamar por teléfono, él se encargaba…y
de pronto una manita que se aferraba a la suya la sacó de su ensoñación. “¡Mi niño!”
Le devolvió fuerte el apretón, le sintió asomarse por detrás de ella y observar a su abuela, no pudo impedírselo, le vio girarse y mirar hacía la ventana, vio cómo se perdían sus ojos a través de la luz y se le encogió el alma…
– ¡Mamá!- gritó con desesperación y notó a todos los miembros de su familia abrazarla, y sintió el amor de todos ellos, y entendió el amor de sus padres, y por un momento dejó de ser madre y
para volver a ser solo hija

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