¿Por qué Hinocencia?

Todo empieza con una historia que alguien cuenta en un bar, una de esas anécdotas que surgen a altas horas de la madrugada entre copas casi vacías. En esta historia se contaba cómo alguien había encontrado, por segunda vez, a un chico con síndrome de down llevando de la mano a una niña pequeña al interior de un portal.

– Se lo voy a decir a tu madre – dijo, y ante aquella frase el chico soltó la mano.

A partir de ahí surgió el debate. A todos nos parecía una situación escabrosa, en el límite de lo moralmente aceptable, pero ¿quién tenía la culpa de aquello?

¿Por qué nos escandalizamos? Sólo vemos una parte de la historia. No sabemos qué pasa después, no sabemos qué pasa durante y ni siquiera sabemos qué pasó antes (igual se conocen, igual son primos…). Y sin embargo nuestra mente rellena todos esos huecos y luego nos escandalizamos. ¿Por qué?

Para buscar la respuesta miramos dentro de nosotros mismos. La conclusión fue que nos escandalizamos de nuestro propio escándalo. De alguna manera rellenamos los huecos que faltan con pensamientos/ideas/emociones que llevamos dentro de nosotros. Pueden ser miedos, o deseos, o proyecciones de experiencias propias. Da igual la etiqueta que le pongamos, lo que importa es que lo que rellena los huecos, lo que nos hace interpretar la historia, es lo que volcamos de nosotros mismos sobre ella. En otras palabras, tendemos a juzgar para completar la información y eso nos lleva a conclusiones subjetivas. El observador proyecta su propia culpa.


2ª Ley de percepción de la Gestalt: Si una línea forma una figura cerrada tendemos a ver una figura superficial encerrada por una línea, en lugar de ser simplemente una línea.

Bajo esta premisa desarrollamos un primer borrador de guión y lo compartimos con nuestros círculo cercano. La sorpresa fue en aumento cuando las críticas se polarizaron. Unos decían que les parecía una historia preciosa mientras otros advertían de posibles denuncias. Llegamos incluso a contar la historia en un foro sobre feminismo y nos acusaron de hacer apología de la violación y pederastia.

No ha sido, en ningún momento, nuestra intención ofender ni hacer ningún tipo de apología. Sólo buscábamos poner un espejo frente a nosotros de cómo, desde el mundo adulto, interpretamos la inocencia, y a la vez reflexionar sobre el daño que pueden generar en los demás nuestros juicios personales.

Ana es una niña, es “inocente”, nuestra mirada de adultos (cargada de experiencias propias) presupone que por ser una niña no sabe lo qué quiere, que puede estar confundida. Nosotros no, nosotros estamos seguros de lo que vemos y de lo que le conviene a Ana.

¿Dónde está la frontera entre el escándalo y lo socialmente aceptable? ¿Qué edades tendrían que tener Ana y Bruno para que no fuese un escándalo? Muchas personas en su adolescencia han tenido una pareja varios años mayor. ¿Esto es siempre un escándalo? ¿Si Bruno no tuviese síndrome de Down sería tan escandaloso?

Y para terminar nuestra reflexión de la semana quedaría hablar de lo que sucede dentro de la habitación. En la historia no vemos a ninguno de los protagonistas forzar u obligar al otro, como espectadores no sabemos lo que sucede detrás de la puerta, y sin embargo nuestra mente tiende a imaginar y formar un juicio.

Ana y Bruno son inocentes, su conexión es limpia, se encuentran y se reconocen, la H que es muda emborrona la palabra inocencia al igual que la mirada y el juicio de los otros.

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