NORMAL. Parte I

Biografía de Bruno.

Cuando Bruno nació, sus padres lloraron…esa sería la primera vez que lo harían, lloraron primero al cogerlo, era tan pequeño y frágil…lloraron luego pensando en las repercusiones sociales, y volvieron a hacerlo cuando los médicos les explicaron lo que conllevaba tener síndrome de Down, no solo era un retraso mental, o de la inteligencia cognitiva, si no las numerosas enfermedades que podría desarrollar. Su madre le miró, lo apoyó en su pecho y pensó para sí, que lo único que necesitaba era el doble de amor y eso sería fácil, miró sus ojos, sus manos, sus pies, sus deditos…

  • Está sano, estará sano-dijo cortando un sollozo, su marido la besó en la frente, agarró uno de aquellos deditos y asintió.

Bruno se fue a un hogar que poco a poco empezó a prepararse, su padre leía todos los libros que caían en sus manos, se metía en blogs y foros…su madre mostraba especial atención  en su cuidado…los primeros meses de vida de Bruno se desarrollaron de una forma normal, no distaba en nada a otros bebes, sus padres comenzaron a creer que se trataba de un retraso leve, le veían crecer y sonreían pensando que solo se diferenciaría en algún aspecto físico, en algún matiz de psicomotricidad, se decían que la única diferencia sería un par de años de aprendizaje, lo que hasta les llenaba, pensando que así su bebe sería pequeño más tiempo y podrían disfrutar más de él. ¡Era un niño tan sonriente y cariñoso!

A la hora de matricularle en una guardería optaron por una guardería “normal”, lo consultaron con los médicos alegando que hasta la fecha y gracias a Dios el niño no había presentado ninguna enfermedad grave, no tenía problemas de corazón, ni respiratorios, ni había sufrido ningún ataque de epilepsia y su desarrollo parecía casi normal. Bruno comenzó en una guardería pública a la que iban sus vecinos. ¡Qué orgullosos estaban sus padres el primer día!

Bruno jugaba con el resto de los niños aprendía y se esforzaba, era obediente, compartía sus juguetes se reía, se reía más alto que ningún niño, luego se iba con su madre al parque y allí hacia las mismas cosas que el resto, corría, se columpiaba, se ensuciaba…todo,bajo la atenta mirada de su madre que siempre le sonreía, de vez en cuando notaba miradas de la gente que pasaba, y si algún niño se metía con él, su madre se levantaba de un salto…pero él no lo entendía como un agravio, en el parque solían discutir unos con otros, por el balón, por el tiempo de espera en el tobogán…

El primer año de guardería fue feliz y normal, el segundo empezó a complicarse…la mayoría de sus compañeros no llevaban pañales ya, cogían los cubiertos solos, en las canciones sabían dar palmas…Bruno empezaba a frustrarse. Los padres se reunieron con la profesora, que les dijo que bruno no podría pasar al colegio con el resto de sus compañeros, ya no aprendía al mismo ritmo, tenían que hacerle un test para determinar su nivel de retraso y así saber cómo seguir enseñándole. La madre discutió y peleo, el padre la cogía de la mano, y le prometió a la maestra que así lo harían, pero que Bruno terminaría el año y se “graduaría” con sus amigos, ellos en casa redoblarían esfuerzos.

Bruno se graduó con todos sus compañeros, la foto sigue en el salón, su madre la coge de vez en cuando y la limpia.

Acudieron pues, a un especialista que le hizo un montón de pruebas, a Bruno no le gustaba ese señor, no le gustaban esos juegos, quería ir al parque, quería ir a bañarse con sus amigos…

  • Ya falta poco pequeño- le decía su madre sonriéndole.

Se determinó que Bruno tenía un retraso moderado, aun así, debería acudir a un colegio especial, deberían hacer hincapié en su cuidado personal e higiénico, poner atención en sus rabietas, y en su desarrollo comunicativo, hacerle hablar con frecuencia y tener paciencia con su aprendizaje y su psicomotricidad, de salud parecía estar perfectamente, aunque habría que hacerle pruebas periódicamente, físicamente tampoco presentaba rasgos demasiado marcados, aunque como les dijo el doctor, ésto no significaba que al crecer fueran resaltándose cada vez más.

Buscaron colegios especiales, hicieron cuentas, y más cuentas…Bruno les oía resoplar, aun así le vendieron el nuevo colegio como algo extraordinario y maravilloso, procuraban sonreír cada vez que hablaban de él. Así Bruno empezó en un colegio para niños discapacitados y comenzó su educación especial. En un principio no pareció disgustarle, se divertía, se reconocía en sus otros compañeros, y se sentía orgulloso porque la mayoría de las cosas le salían mejor que al resto. Todo transcurría con normalidad. Por las tardes seguían yendo al parque a jugar, las miradas de los otros, cada vez se hacían más marcadas, pero ahí estaban siempre sus padres para defenderle.

La siguiente vez que sus padres volvieron a llorar, ocurrió cuando Bruno tenía unos 13 años, fue la primera vez que se fijó, que sus compañeros de juegos ya no querían ir al tobogán, ya no jugaban a la pelota, iban al parque a sentarse en los bancos, cuchicheaban, se reían, comían pipas, escuchaban música, de vez en cuando, veía como alguno le cogía la mano a alguna chica, o se iban juntos y solos. Ese día subió a casa y durante la cena les preguntó a sus padres por qué sus amigos ya no jugaban con él, sus amigos habían cambiado, ahora tenía que jugar con gente más bajita que él.

  • Yo también quiero sentarme en el respaldo de un banco y cogerle la mano a una chica ¿Por qué no puedo?

Hubo un profundo silencio el resto de la cena, Bruno se fue a su cuarto a jugar cerrando la puerta, estaba enfadado, tiró todos los juguetes por el suelo, los pisó, incluso rompió alguno, luego se metió debajo de la cama. Allí estuvo un buen rato, desde allí oyó llorar a sus padres, no entendía que decían, no sabía por qué lloraban, pero sentía que él les había hecho llorar, y eso le hizo llorar a él también hasta que se quedó dormido.

Se despertó en su cama, su padre estaba a su lado mirándole. Le cogió en cuello y le llevo al salón, ahí estaba su madre ya, le pusieron el desayuno y cuando terminó, su padre le sentó en sus rodillas, su madre le cogía de la mano y entre los dos y con mucha suavidad le explicaron todo. Él era un niño normal, solo que con características distintas, esas características no eran malas, esas características hacían que sus papas le quisieran más, él sería un niño por más tiempo, podría jugar por más tiempo que los demás y eso era una suerte, no debería disgustarse si alguien le decía algo o le miraba raro, eso era porque los demás no entendían la suerte que era crecer más despacio y conservar la inocencia.

Le contaron la diferencia entre los niños y las niñas, le explicaron que no era malo el sexo, ni tocarse, ni ruborizarse, le hablaron de las miradas del amor, le dijeron qué pasaba cuando conocías a alguien especial, y que si algo le preocupaba o algo le pasaba o si tenía alguna pregunta ellos siempre estarían ahí. Terminaron la conversación diciendo que de momento él no jugaría ya con sus amigos de siempre, además, era de mal educados sentarse en el respaldo del banco.

  • Y cariño-añadió su madre-, todavía es pronto para coger de la mano a nadie, cuando ese momento llegue una chica también querrá dártela.

Bruno siguió creciendo, le gustaba ir al parque pero cada vez se notaba más observado, cada vez eran más bajitos sus compañeros de juego, sus amigos del cole le aburrían, los profesores no le dejaban estar con las chicas, él buscaba su compañía, las observaba…pero no se atrevía a cogerles la mano.

Bruno fue creciendo, su cuerpo era adulto, era casi tan alto como su madre, ya no se subía en el tobogán, ya no estaba su madre sentada en el banco, había tenido que empezar a trabajar otra vez, y a veces se quedaba hasta más tarde. Esos días Bruno se sentaba en el parque a esperarla, en el banco en el que ella se sentaba y contemplaba la vida pasar.

Bruno empezó a notarse distinto, estaba más alterado, le gustaba mirar a sus padres, sentados en el sofá, como se abrazaban y besaban, a Bruno le gustaba ducharse, le gustaba el agua cayendo sobre su cuerpo, le gustaba mirarse desnudo en el espejo, cada vez más a menudo se levantaba sudando y con una erección, cada vez menos, les preguntaba a sus padres porque siempre le daban la misma respuesta “es normal” él no sentía que fuera normal…él quería ser normal, quería sentarse en un sofá y coger a alguien de la mano.

Una de las tardes en que se quedó esperando a sus padres, se armó de valor y extendió su mano…no pasó nada ese día, pero cogió por costumbre pararse así con la mano dispuesta, sonreía a todo el que pasaba y sentía un cosquilleo pensando en el momento en el que alguien cogiera su mano.

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