SALVACIÓN

Creí que estaba rota.

Mis miembros, se amontaban troceados
por el suelo destrozado
de las bombas del pasado.

Sabía que había llegado mi fin.

La luz de la esperanza desaparecía silenciosa,
reptando por los huecos
de las abiertas heridas de mi alma.

Pero llegaste tú para unirme.

Tan callando apareciste, que no te sentí al principio
recogiendo con sumo cuidado
cada parte de mi ser amputado.

Y compartiste tu aliento.

Me insuflaste la vida que otros habían robado,
tendiste tu suave mano
llena de confianza y calma.

Hiciste que toda yo renaciera.

Recomponiéndome, de la tristeza de antaño
apartando de mí las tinieblas
anidadas en mis ojos antes cerrados.

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