Plan B – Parte I

María de los Dolores Castro Jiménez, nacida el 8 de Marzo de 1976, natural de Badajoz. Que tiene guasa el nombrecito, el día y el lugar de nacimiento… El destino jugó conmigo una muy mala pasada, se debieron de reír de lo lindo allí arriba. Con la ilusión que les hizo a mis padres tener una princesita en casa…

Los primeros años de vida son borrosos, confusos, solo recuerdo el sentimiento de comezón cuando mi madre me ponía aquellos repolludos vestidos, la atracción que sentía por los juguetes de mi hermano, cómo le seguía como un perrito faldero, allá donde fuera, imitando sus gestos y palabras. Mi madre se moría de amor pensando que era devoción lo que sentía por él… mi hermano se moría de rabia apartándome a cada paso.

La época del colegio quisiera que fuera confusa también, me gustaría borrarla por completo… pero por mucho que digan que el tiempo lo cura todo, hay heridas difíciles de cicatrizar. Más aún en una época en que las niñas van con las niñas y los niños con los niños, que el color rosa y el azul te definen, en una época que se intuye festiva pero aún hay residuos de la represión anterior… En la que las tecnologías no habían llegado a nuestros manos y lo que sabías, o querías saber, se lo tenías que preguntar a unos adultos que sabían incluso menos que tú. La etapa escolar fue definitivamente una pesadilla. Fui a un colegio de monjas, el mejor del barrio, uniforme compuesto por falda de tablas, calcetines, polo blanco y jersey de pico, lacitos en el pelo y mocasines en los pies. Cada vez que me vestía mi madre para ir a clase comenzaba a llorar. Mi madre pensaba que era porque no me gustaba el colegio y siempre repetía el mismo mensaje.
– Bobina no llores, si ahí vas a hacer muchas amigas, y podrás jugar a las princesas, y aprender a coser para hacer vestiditos a tus muñecas, venga no llores que te lo vas a pasar muy bien.
Esto hacía que llorara aún más y, moqueando aún, me mandaban a la escuela. Yo tampoco sabía muy bien por qué lloraba, solo que no me gustaba, que no me hacía feliz, que me sentía incómoda. No eran las clases, eso era lo único bueno, estudiar, nadie te molestaba si estabas estudiando, aprender cosas me encantaba. Recuerdo la clase de ciencias naturales de 5º de EGB cuando dimos el cuerpo humano, lo fascinada que me quede ante la visión del cuerpo masculino, ante la descripción de su anatomía, sus características.
Recuerdo llegar a casa y preguntarle a mis padres cómo se hacía para escoger que una persona fuera niño o niña. Después de unos interminables segundos de silencio, la respuesta fue clara y directa.
– Dios pequeña, Él ha decidido que tú seas una preciosa niñita. – Yo les expliqué que quería ser como Marcos, a lo que mi madre respondió – Anda no digas tonterías, vete a tu cuarto a jugar.

No volví a hablar con ellos sobre esto hasta quince años después… Pero sí con Dios, me acostaba todas las noches rezándole para que me hiciera como Marcos. Pero eso no pasó. Por el contrario me envió el periodo, la peor experiencia de mi vida, ese proceso biológico que te convierte en mujer, que causó en mí un hondo pesar. Empecé a volverme aún más retraída, a caminar más gacha, recuerdo empezar a vendarme los pechos, aplastarlos hasta hacerlos desaparecer… recorté unos pantalones de chándal que me ponía debajo de la falda, me inventaba cualquier excusa para no hacer gimnasia, ese momento terrible en el que tienes que cambiarte delante de tus compañeras, desnudarte.  La adolescencia y su revolución hormonal, cuando tus compañeras empiezan a hablar de chicos y de besos, y se despierta en ti un apetito sexual voraz y les pides que te expliquen como son los besos y qué partes se tocaron… Pero en mis sueños era yo quien las besaba. Cada vez que tenía un sueño así, me pegaba con algo o o alguien, iba corriendo a la iglesia a confesarme, me sentía sucia y perdida y no podía hablar con nadie. Cuando salíamos, yo le cogía ropa a mi hermano y me la ponía a hurtadillas en el ascensor. Empecé a enamorarme de una compañera. ¡Qué insufrible dolor! Un día, que estábamos en el parque bebiendo nuestras primeras cervezas, lo que hizo que por primera vez en mucho tiempo me sintiera animada y fuerte, la besé.

A partir de ese momento fui Loli la Bollo. Todos me etiquetaron en el pueblo como lesbiana, un pecado muy gordo. Mis padres me dieron una charla de cuarenta y cinco minutos, mi madre lloraba, mi padre resoplaba y yo… yo no sabía qué había hecho, había visto a Marcos besar a muchas chicas, yo había hecho lo mismo, yo no me sentía lesbiana. ¿O quizás sí lo fuera? No sabía nada, no entendía nada.

A los dieciséis años dejé el colegio, por mutuo acuerdo, las monjas no querían que siguiera ahí, los padres de mis compañeras no querían que siguiera ahí, yo no quería seguir ahí. Comencé a trabajar en un videoclub, pensaban que al contratar una chica tendrían más clientes, se equivocaron, al final los clientes venían por mis recomendaciones. Empecé a ganar dinero, a vestirme a mi manera, escuchaba música todo el tiempo, en mi habitación, aséptica y monocromática, oscura y fría, mi refugio. Comía a deshoras y procuraba cruzarme con gente lo menos posible. Así pasaron dos años y, nada más cumplir la mayoría de edad, me fui a vivir a Madrid.

Estos años, aunque fueron los de mi reconocimiento, fueron más confusos aún, me dio por probar todas las drogas, iba a todas las fiestas… me encasillé en el grupo de las lesbianas, las machorras, donde podía vestirme y peinarme como un hombre, podía decir que me gustaban las mujeres. Creí que así sería feliz… pero no.

No llegué a intimar con nadie del todo, no soportaba que nadie me tocara, me tapaba con ropa tres tallas mayor. Por aquella época empecé a decir que me llamaba Nadir, el nombre más ambiguo que encontré. Pero seguía sin sentirme aceptada del todo en ningún sitio. Buscaba trabajos nocturnos, dormía las mañanas, mal comía, mal vivía…

Y un día, en una de esas fiestas nocturnas conocí a Anabel. Una mujer preciosa, alta y esbelta, con una mirada que te atravesaba y sonrisa amable. Nombre del DNI Juan Antonio García Villoslada… Ella se convirtió en mi confidente, fue la primera persona con la que me sentí seguro. Teníamos largas charlas, ella entendía perfectamente cómo me sentía, ella había pasado lo mismo. Fue ella la que me dijo lo que era. Una transexual. No era lesbiana, ni travesti. Simplemente mi cabeza, mi esencia, no se correspondía con mis genitales. Me gustaban las mujeres porque yo me sentía hombre, no era una machorra, era un macho… por dentro.

Ella me acompañó al psicólogo la primera vez. Ella fue la que me llevó de compras, por fin tendría ropa de mi talla. De chico, pero de mi talla. Según iba aceptando lo que era, lo que sentía, más ganas tenía de crear una vida de verdad.

Me apunté al instituto nocturno para terminar el bachillerato. Adecué otra vez mis horarios, mi comida. Hacía ejercicio. Dejé de necesitar las drogas y el alcohol para ocultarme, ya no sentía la necesidad de autodestruirme.

Después de un tiempo, la psicóloga me habló del cambio, dar el paso a la transformación completa. No había nada que quisiera más. Pero antes de empezar con el tratamiento, la psicóloga me recomendó que hablara con mis padres.

Tardé dos meses y nueve días en decidirme. Ensayé con Anabel el discurso durante horas, me lo sabía de corrido… Pero cuando llamé a la puerta y abrió  mi madre se me olvidó todo, solo quería abrazarla, que me abrazara, volver a sentir su olor. No sabía cuánto la echaba de menos hasta ese momento. Nos sentamos en silencio en el salón, era el sitio donde se hablaban las cosas importantes, aunque también donde se recibían a las visitas. Pregunté por mi padre… no vendría, estaba en una reunión, me sonó a excusa pero lo entendí. Mi madre me dijo con un tono casi neutro que se alegraba de verme, me habló de mi hermano, de las renovaciones del vecindario, de los vecinos…. Yo me quedé sin saber decidir cómo sentarme correctamente, cruzaba y descruzaba las piernas, asintiendo a todo lo que decía, sin hablar, sin respirar, sin moverme. Entonces mi madre me miró y me preguntó si comía bien y sin más, exploté y se lo conté todo Le conté lo del colegio, lo de Madrid, le hablé de Anabel, de mi psicóloga, le di su tarjeta por si tenía dudas. Le conté que me sentía hombre, que siempre había sabido que yo era hombre… Me abrí en canal.

En ese momento apareció mi padre por la puerta, estaba en la habitación de al lado, escuchándolo todo. Me preguntó que si ellos habían hecho algo mal. Se empezó a recriminar la manera de educarme. Daba vueltas por la habitación clamando al cielo y balbuceando un montón de palabras incoherentes. Me levanté, le agarré del brazo para detenerle y le dije en un tono que entendiera, que no habían hecho nada, que Dios había decidido que yo fuera niño, pero la naturaleza quiso que naciera niña. Le miré a los ojos a los dos, con todo el amor y tranquilidad que pude, les dije que seguía siendo yo, su hijo y siempre les había querido. Mi madre se levantó y me abrazó con fuerza, mi padre me dió una palmadita y me preguntó si me quedaría a cenar. No se resolvió todo en esa cena pero volvían a entrar en mi vida y eso me daba estabilidad.

Volví a Madrid al día siguiente, hablé con la psicóloga de todo lo acontecido con mis padres. Me sentía fuerte y entusiasmado. Le pregunté que cuando empezábamos con el tratamiento de hormonas para hacer cuanto antes la operación, estaba más que dispuesto. Ella amablemente me explicó que aún no. Aún tenía que pasar unas pruebas, antes hay que asegurarse del todo porque la vuelta atrás es imposible y si no se está preparado, completamente seguro de la decisión, puede producir secuelas psicológicas graves. Un desorden disfuncional peor del que padecía ahora. Establecimos el plazo de un par de años, quedando en vernos una vez al mes para comprobar los progresos.

Al día siguiente me apunté en la universidad para estudiar administración de empresas. Mi vida empezaba y quería forjarme un buen futuro. Estudiaba por las mañanas y trabajaba por las noches, los jueves iba con Anabel a una reunión de transexuales. Una vez a la semana llamaba a casa y una vez al mes quedaba con la psicóloga. Mi vida empezaba a cobrar sentido…

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