LA PRIMERA VEZ. SIEMPRE

Érase que se era…

…érase una vez, un pequeño pueblo al norte de las montañas, en el que existió una pareja peculiar:

  Rosetta y Kuni.

Habían llegado de lejos, de más lejos de dónde nadie del pueblo había ido jamás. Por eso al principio, a las buenas gentes del lugar les costó entender su presencia.

Hablaban un lenguaje incomprensible. De hecho, casi ni hablaban entre ellos, pero parecían comprenderse perfectamente.

Construyeron una casita al final del pueblo. Una casa extraña para ese lugar. Tenía palancas por todos lados, macetas con plantas que crecían, hacia arriba y hacia abajo, escaleras y toboganes salían de las ventanas… Eran cosas que nunca se habían visto por esas tierras.

Todas las mañanas, se les veía salir por un lado de la vivienda. Cada día vestían de una manera distinta. Recorrían el pueblo, unas veces, saludando a todo el que se encontraban, otras, salían por los alrededores pertrechados con grandes mochilas o simplemente salían y entraban de la casa de diferentes formas.

Todas las tardes también, antes de cerrar el mercado, Rosetta, llegaba con enormes listas para comprar. Lo que no tenían en las tiendas, lo encargaban.

Y así fue que los tenderos tuvieron que abrir nuevos mercados y poco a poco empezaron a llegar comerciantes de otras tierras; y con ellos hubo que agrandar la taberna y la hospedería, adquirir nuevos libros en la biblioteca y aprender nuevas lenguas e historias en la escuela.

Pasaba los años y Kuni y Rosetta, seguían con sus excentricidades diarias, pero ya nadie les miraba raro. Todos en el pueblo, despertaban cada mañana expectantes, para ver “qué harían hoy.”

Empezaron a venir turistas también. Unos a estudiar la construcción de su vivienda, algunos simplemente a observarles y otros a comprar artículos que en los demás pueblos no hallaban.

El pueblo, fue convirtiéndose en ciudad…

Algunas casas copiaban ya el modelo de la pareja. Los lugareños, se mezclaban con los extranjeros. Era un lugar rico y vivo.

Todos los días pasaba algo.

Cada vez crecía más, en todos los aspectos.

Pero si alguien preguntaba, cómo eran Rosetta y Kuni, o por qué hacían esas cosas, nadie sabía responder.
Y nunca nadie, se atrevió a preguntarles.

Ochenta años había pasado, desde la llegada de la peculiar pareja.
Del pueblecito, ya no quedaba nada, salvo el nombre:
< Kastelar Krip Haga > (pequeño pueblo alejado)

Las personas que habían vivido su llegada ya no estaban y los pocos que aún quedaban, niños entonces, eran ahora demasiado viejos para recordar.

Esa mañana de Septiembre, todos aguardaban, como de costumbre, la aparición de la pareja.

Esperaron durante horas, pero nada ocurrió…

Al caer la tarde se reunieron en el Ayuntamiento, para debatir si debería ir, o no, a su casa. Por unanimidad llegaron al acuerdo de acudir para ver qué pasaba. Decidieron también que no podían ir todos, sería un atropello y una falta de respeto; así que nombraron a tres representantes: el médico del pueblo, el historiador de lenguas y el cerrajero. Los demás aguardarían noticias allí.

Partieron sin más demora.

Dos intensas horas pasaron hasta su regreso.

Los tres, entraron en el Ayuntamiento portando delicadamente dos cuerpos. Los posaron con la misma suavidad encima de las dos grandes mesas de reuniones.

Se hizo un prolongado silencio.

Todos se quedaron conmovidos, observando aquellos dos cuerpos inertes. Dos ancianos, con rostros aún sonrientes, que parecían dormir plácidamente, ataviados con ropas de gala, similares a trajes de boda. En sus manos, agarraban cada uno, un viejo diario.

Durante eternos minutos, nadie habló.

Nadie se movió.

Hasta que Geneva, la niña más pequeña, preguntó en voz alta.

  • ¿Qué pondrá en esos libros? ¿Será un cuento?

Todos se giraron para mirar a la niña, que lejos de asustarse, permanecía alegre y esperanzada mirando sendos cuadernos. Volvieron a girarse todos, para mirar ahora, en la misma dirección que la niña y luego para mirar interrogantes al Alcalde, que carraspeó antes de hablar.

  • Bueno, no veo motivo para no leer, con el debido decoro, esas páginas.- Carraspeó una segunda vez.-Señor historiador de lenguas, haga los honores, por favor.

El señor historiador de lenguas, se acercó despacio y ceremonioso recogió los diarios de las manos de la pareja. Comenzó a leer para sí, bajo la atenta mirada de los habitantes de la ciudad.

Cuando hubo terminado, tragó saliva respiró hondo y narró los siguientes hechos…

>> Rosetta y Kuni venían de pueblos distintos pero cuyas gentes morían por igual a edad temprana. Este hecho se aceleraba al casarse.

Nadie sabía el motivo.

La pareja, se había conocido y enamorado en la fiesta de la cosecha de la región a la que pertenecían. Los dos supieron al instante, que sería un amor para siempre, de esos que mueven montañas, pero también eran conscientes de la maldición que cernía sobre ellos.

Decidieron no casarse aún y adentrarse en el tenebroso bosque de “Grendafar”  donde, según rezaba una antigua leyenda, habitaban unos hechiceros sabedores de las respuestas a todas las preguntas.

Aun así, casi nadie entraba en ese bosque y aquellos que se aventuraban no regresaban jamás o lo hacían malheridos y sin haber terminado el camino.

Pero la pareja se armó de valor y en contra de todos los consejos se adentraron en el bosque.

Permanecieron juntos durante el camino.

Si uno estaba alicaído el otro se mostraba entusiasta.

Si uno triste el otro alegre. Ayudándose y apoyándose el uno contra el otro, dándose calor en las noches de frío, cobijo en los días de lluvia.

Juntos preparaban las viandas; juntos buscaban agua; juntos permanecían alerta ante los peligros y los aullidos y gritos que se oían por todo el bosque. Juntos velaron porque la antorcha que portaban y les daba luz y calor, no se apagara.

Y así juntos, tras varias semanas de deambular, llegaron a un claro en el bosque donde había una pequeña cabaña en cuya puerta había un hombre y una mujer vestidos con pieles.

Parecían aguardarles.

  • Hace rato que os esperábamos, pasad y reconfortaros con un caldo y un buen sueño. Mañana responderemos a vuestras preguntas- dijo el uno
  • Pensadlas bien ya que solo podréis formular una. Elegid sabiamente- completo el otro.

Al terminar se miraron emocionados y se hicieron a un lado para dejar entrar a Rosetta y a Kuni, que a su vez se miraron extrañados, pero sin sentir miedo alguno.

Lo que parecía desastrado por fuera, resultó ser un acogedor hogar con una gran chimenea central.

A un lado había una cocina llena de frascos y ollas; había caza y hierbas colgando del techo; grandes alfombras cubrían el suelo. Una mesa rodeada de una bancada separaba esta estancia de lo que parecían habitaciones. La estancia entera estaba recubierta de estanterías con libros y toda ella olía…

Olía a una mezcla de menta y azahar, a tierra mojada y leña, a guiso y especias…

En seguida les entró un sopor insoportable. Ese sopor agradable que solo tienes en un lugar en el que te encuentras a salvo y a gusto.

Kuni y Rosetta se tomaron el caldo que la pareja les ofreció al terminar les siguieron hasta la habitación que les ofrecieron y allí durmieron más plácidamente de lo que jamás habían dormido.

A la mañana siguiente la pareja les dijo que ya estaban preparados para la pregunta y la respuesta que habían ido a buscar, pero debían formularla por separado.

Rosetta se la formularía a él y Kuni a ella. Los dos hicieron la misma pregunta pero los dos recibieron una respuesta no del todo igual.

A Rosetta le dijeron que debería hacer que todos los días fueran nuevos para Kuni, que poseía una rara enfermedad, que hacía que se apagara si cada día era igual al anterior. A Kuni por el contrario le contaron que la enfermedad de Rosetta era que tenía que estar activa diariamente y él debería seguirla.

A ambos les dijeron, antes de terminar, que no debían revelar al otro su respuesta ni pregunta, ni contar a nadie como habían cruzado el bosque ni lo que allí había pasado. Cada cual debía hacer su camino a su manera. Les aconsejaron que quizás deberían irse lejos para cumplir sus objetivos.

Se despidieron de la pareja sin explicar nada al otro. Nunca más hablaron de esa cabaña ni entre ellos ni con nadie y nunca más regresaron a su casa, aunque si enviaron cartas a sus familias diciendo que estaban a salvo y bien.

Durante algún tiempo fueron vagando de pueblo en pueblo, en ninguno eran del todo aceptados. Hasta que llegaron a Kastelar Krip Haga.

Todos los días, siguiendo los consejos dados, Rosetta se inventaba nuevas aventuras para Kuni y éste a su vez todos los días la acompañaba y seguía.

Y cada día antes de acostarse pronunciaban votos matrimoniales por si aquella era su última noche.

Y así les encontraron aquella funesta mañana, sonrientes y vestidos de boda.

Las últimas anotaciones rezaban así:

“Si esta noche, es la última que duermo a tu lado, que sea eterna y en el infinito vivamos nuestra siguiente aventura. Cada día, sea el primero o el último merece la pena si es juntos” <<

Al terminar de hablar, en un silencio de profundo respeto y emoción, solo cortado por algún sollozo o suspiro, el Señor historiador de lenguas, dejó de nuevo los diarios en sus manos.

Sin mediar palabra recogieron de nuevo los cuerpos y los llevaron a su casa donde juntos, los enterraron en una tumba rodeada de flores y notas de agradecimiento y sueños de cada uno de los habitantes.

El pueblo no volvió a ser el mismo.

Pero una vez al año, en el aniversario de la muerte de la pareja, se organiza una gran celebración con cánticos, bailes  y juegos para mayores y pequeños.

Algunas parejas deciden casarse en la fiesta. Otros aprovechan para ser algo distinto por un día. Por una vez, todos ríen y festejan sin importarles nada más.

Y al terminar, todos acuden a la tumba para escuchar su historia.

La historia de Rosetta y Kuni, aquella peculiar pareja que convirtió un pequeño pueblo al norte de las montañas, en una ciudad donde la gente convive en armonía y les enseñó que cada día es importante y sorprendente y merece la pena vivirlo.

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12 Comments

  1. Estoy impresionado, realmente muy impresionado. Me ha gustado tanto que me ha quedado este estrato en la mente…
    “Si esta noche, es la última que duermo a tu lado, que sea eterna y en el infinito vivamos nuestra siguiente aventura. Cada día, sea el primero o el último merece la pena si es juntos”

    Aplausos para usted y un abrazo.

    Le gusta a 1 persona

    1. Muchísimas gracias… ¡Wow! nos dejaste sin habla, es precioso que tus palabras lleguen así a alguien y se las guarde y le valgan… ¡Gracias desde el corazón!
      Está en camino la segunda parte y en la cabeza la tercera y la cuarta… 🙂
      Ojalá algún día podamos sacar el cuento en físico y compartirlo aún con más gente. Seguimos fluyendo, seguimos conectados.
      Un abrazo desde Gijón.

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